las familias más nobles y rica, seguían siendo dueños absolutos de la tierra. Sólo tenían la obligación de proporcionar una parcela cultivable y una pequeña vivienda a cada una de las familias liberadas, pero debían ser indemnizados por las tierras cedidas y podían cobrar un alquiler por las viviendas.
Puesto que los siervos, antiguos esclavos, siempre pobres, no podían pagar nada de esto, el Estado les ofrecía un préstamo en dinero con la condición de que fuera devuelto antes de 50 años, a base de pequeñas sumas anuales hasta llegar a la cantidad total.
Para controlar estos pagos, así como para obtener una buena organización, disciplina y rendimiento agrícola en las tierras adquiridas por los siervos emancipados, el Estado ruso puso en marcha los "mir", comunidades agrícolas creadas con esta finalidad sometidas casi siempre a la influencia de las autoridades y de los terratenientes. Los siervos, en teoría libres y con trabajo independiente, estarían cada vez más abatidos por las dificultades económicas.
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